Los acontecimientos en el mundo árabe han sido muy inesperados. Estar en el corazón de este convulsionado mundo no deja de preocuparme, sobre todo teniéndolos tan cerca. Hay mucha historia en estos conflictos que no pretendo explicar. He tenido la oportunidad de conversar con personas de Egipto quienes están muy contentos por los sucesos acontecidos en su país, los siguen con gran expectativa y muchas esperanzas de mejoras para todos. Uno no puede dejar de asociar las protestas con lo vivido en nuestras tierras, y te llena de emoción saber que ellos han logrado lo que añoraron por muchos años.
Solo puedo continuar compartiendo mis modestas vivencias desde este pequeño país del golfo arábigo.
Afortunadamente en Qatar no existen los problemas de pobreza que hay en los otros países árabes. Hay pleno empleo y la fuerza laboral está constituida por extranjeros que están mucho mejor aquí que en sus países de origen (hindúes, nepalíes, filipinos). La gran mayoría de los qataríes están muy bien y protegidos por el estado. El resto de la población está constituida por expatriados que viven aquí por razones laborales.
Antes les he mencionado el gran movimiento en la construcción que hay por todas partes en Doha, lo que no deja de ser, por su velocidad, muy desordenado. Sin embargo, los arquitectos se están dado el gustazo de diseñar a sus anchas. En estos países por razones de idiosincrasia los extranjeros no pueden tener propiedad en tierra firme. Por ello se han desarrollado los conceptos de islas artificiales para poder ofrecer a los extranjeros la oportunidad de tener propiedades. Aquí en Doha se desarrolla el proyecto de La Perla; desde un piso veinte y cuatro donde vive una amiga se puede observar el crecimiento del proyecto y no tiene diferencia a la maqueta, hasta las plantitas me parecen de mentira. Además, el mar es verde azulado y sin olas, que luce demasiado artificial para mi gusto. Según Rebeca si a alguien se le ocurriera utilizar estas playitas como baño, se pintaría de azul oscuro como las piscinas.
En Noviembre del pasado año fuimos a Dubái y realmente sentí que eso era como viajar al futuro, por lo menos el futuro de Qatar. Es la ciudad donde los arquitectos se han reinventado y los ingenieros han debido “ingeniárselas” para construir. Estuvimos en el edificio más alto del mundo, que en un minuto sube 124 pisos y no sientes absolutamente nada, solo que al salir del ascensor te sientes en las nubes (pero allá abajo hay un desierto). Es el Burkj Kalifa, una maravilla de la ingeniería, el edificio tiene su propia personalidad y él mismo le da las gracias a sus creadores y constructores.
Allí conocimos el Metro de Dubái con unas estaciones que parecen salidas de una película del espacio, el hotel Burk Al Arab, en forma de vela, con su extraordinaria presencia y lujo, algo complicado para visitar. El Dubái Mall que es el centro comercial más grande del mundo, donde anduvimos mas perdidos que en el Sambil caraqueño y no recorrimos ni un piso, valga la propaganda para nuestro CC .No sé que tienes los habitantes del desierto con las pistas de hielo y patinaje, es realmente muy extraño ver dentro de un CC una pista de esquiar con nieve y todo. La ciudad se está desarrollándose sobre islas artificiales: La Palma de Jumerairah, que también luce como una maqueta a medio andar. También visitamos un Museo pequeño donde muestran la historia de la ciudad, desde sus comienzos. Para mi asombro en el año 1993 no había allí más que unas pocas edificaciones, eso hace solo 17 años, la edad de Rebeca...y hoy es una ciudad completamente desarrollada. Si eso es crisis, cuanto me gustaría un poquito de esa crisis para mi país. Han tenido la visión de invertir lo que tienen y lo que no tenían en la construcción de una ciudad con futuro, para bien o para mal.
Visitamos también Abu Dhabi, más verde, menos moderna. Allí está el Palacio de los Emiratos y La Gran Mezquita, obra donde converge lo mejor de todos los mundos desde el punto de vista de arquitectura, maestros y artesanos, con lo mejor de los materiales de todo el mundo. Se siente la sobriedad de la belleza, te abruma. A la par se encuentra el Mundo Ferrari con su parque de atracciones, tanto para grandes como para chichos, con la montana rusa más rápida del mundo. Rebeca y Andrea salieron con la adrenalina que le brotaba por las orejas y también un poquito verdes del susto. Yo solo tome la foto.
Pero no todo fue tan perfecto, de la Gran Mezquita de Abu Dhabi salí regañada tres veces antes de comenzar la visita guiada. Primero debíamos ponernos las abayas y cubrir nuestro cabello, las mujeres. De paquete de tintorería salió la abaya para tapar el atrevimiento de presentarme de vestido corto. Al llegar al baño la señora que lo mantenía me regaño por no lavarme los pies antes de usarlo, pero amablemente me ofreció su ayuda para resolver el enredo de colocarme la pañoleta sobre mi cabeza. Luego me indicó donde sentarme para que ella pudiera tomarme una fotografía, debidamente cubierta (el baño era de foto). Caminando de regreso al grupo, me regañan por mostrar mis piernas al subir un poco la abaya para no caerme. Comenzando el recorrido, parada al lado de mi esposo para una foto, nos regañan a los dos porque nos rozábamos los hombros... no se permite dentro de la mezquita ningún tipo de muestra de afecto entre hombres y mujeres....”No public affection disclosure”.....
Todavía no puedo entender qué se puede sentir con tanto trapo encima, además de calor por supuesto. Ellas van elegantísimas y no se enredan, hasta en el gimnasio van con abayas. Al llegar las cuelgan una al lado de la otra y me pregunto ¿cómo no se confunden?, las diferenciarán por los brillantes o por el olor....sigo con mi dudas. Esto nos pareció tan cómico que una mis amigas se lo cuenta a su hija de 7 anos, y la niña le pregunta a su mamá “¿y sin la abaya son normales???”.
Regreso a Doha que es donde vivo mi día a día, disfrutando un clima muy benévolo para estas latitudes, han sido unos meses gratos. Tuvimos la oportunidad de navegar por El Corniche de Doha, en una de esas embarcaciones antiguas de madera que son uno de los símbolos de Qatar. Estos eran unos pueblos que vivían de la pesca y de la extracción de perlas. Es un mar asombrosamente calmo y con un atardecer como el de Juan Griego, por supuesto que una no deja de asociar esta vivencia con nuestra Margarita, su gente y sus puntos de encuentro.
Finalmente, les cuento que he tenido la dicha de hacer de mi mini jardinera un oasis con Cayenas rojas y amarilla, Trinitarias de colores y Buenas Tardes blancas y rosadas, sintiéndome que me asomo a mi verdor caraqueño. Solo que mis pies pisan el desierto y el sol brilla más incandescente todavía...






